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“Primero el discurso, luego la disciplina” Rafael Echeverría para Revista In Coaching

En una interesante entrevista con Revista In Coaching de Venezuela, Rafael Echeverría, nos da su visión sobre el futuro del coaching ontológico.

“Hay coaches que, calificándose a sí mismos de “ontológicos”, cuando se les pregunta lo que ello significa, no saben qué responder o contestan algo cuestionable. De allí nuestra insistencia: primero el discurso, luego la disciplina. Ésta última, nace y se alimenta del discurso. Su fortaleza la provee el discurso”.

 ¿Cuál sería según usted el antes y después de una empresa que apueste al coaching ontológico en el mundo de hoy?

Mi principal contribución no es la disciplina del coaching ontológico, cuya importancia no pongo en cuestión, sino el discurso de la ontología del lenguaje, desde el cual la disciplina emerge. Esta precisión es fundamental pues, de lo contrario, la dimensión ontológica del coaching, aunque se la invoque, no se concreta. Muchas veces esto no se entiende y, cuando ello sucede, el coaching ontológico se convierte en una suerte de técnica o herramienta de impacto superficial.

Hay coaches que, calificándose a sí mismos de “ontológicos”, cuando se les pregunta lo que ello significa, no saben qué responder o contestan algo cuestionable. De allí nuestra insistencia: primero el discurso, luego la disciplina. Ésta última, nace y se alimenta del discurso. Su fortaleza la provee el discurso.

Uno de los rasgos más destacados del coaching ontológico es su rigor teórico y ello lo proporciona el discurso en el cual se sustenta. De allí que la formación de un coach ontológico requiera, como condición indispensable, una muy sólida formación en el discurso de la ontología del lenguaje.

Dicho eso, entendemos que la propuesta ontológica no sólo ofrece a las organizaciones un tipo particular de coaching, sino una manera muy diferente y poderosa de concebirse a sí mismas. Ello impacta significativamente su desempeño y el logro de sus objetivos. Esto es muy importante. Si en el trabajo con las organizaciones nos limitáramos a ofrecer coaching ontológico, restringiríamos nuestras intervenciones a las transformaciones individuales y descuidaríamos la posibilidad de intervenir significativamente en la organización como sistema. No desconocemos que las transformaciones individuales impactan el sistema social que tales individuos conforman.

Pero ello, por sí sólo, no es suficiente.

Para intervenir eficazmente en un sistema social no basta con intervenir a nivel de los individuos. Hay que hacerlo también a nivel de la dinámica de relaciones entre ellos y en la estructura y cultura que la sostienen. Para lograrlo, el coaching ontológico es muy importante, pero éste deja de orientarse sólo a las transformaciones individuales y se coloca al servicio de la transformación de la organización como sistema. A partir de ello, las transformaciones individuales ahora se orientan al cambio de la dinámica de relaciones y de la estructura y cultura del conjunto de la organización.

Éste debiera ser el real alcance de lo que los coaches ontológicos debieran ofrecer a las organizaciones. Mientras no lo hagan, sin desmerecer su trabajo, estarán muy por debajo del potencial de transformación que les es posible realizar. Afortunadamente son cada vez más las organizaciones que perciben esta oportunidad en los coa- ches ontológicos de formación sólida, como la que hoy en día entregamos.

En última instancia, todo lo que hacemos se mide y evalúa por los resultados que somos capaces de generar. No hay otra vara de mayor contundencia que los resultados. Éste es el primer principio de la ontología del lenguaje, principio que hace de los resultados la pauta ética de nuestra existencia. Serán los resultados que somos capaces de generar los que determinarán el antes y el después en la valoración social del coaching ontológico. Serán ellos los que determinarán la identidad pública del coaching ontológico. La buena noticia es que uno de los factores que nos caracterizan es precisamente el saber generar resultados de muy alto impacto. El rigor conceptual que invocamos tiene el imperativo de traducirse en poder, entendido como un salto cualitativo en nuestra capacidad de acción. Esta es la oferta que somos para el mundo de hoy.

¿Qué tipo de conversaciones le gustaría escuchar a Rafael Echeverría en los jóvenes latinoamericanos?

Me hacían una pregunta similar hace un par de semanas atrás en Argentina. Sostuve que me gustaría ver en los jóvenes de hoy y de mañana una capacidad autónoma de aprendizaje que mi generación, salvo excepciones, no tuvo. Hoy vivimos olas de transformaciones sin precedentes y ellas están acompañadas por olas equivalentes de obsolescencia. La humanidad hoy no está preparada para responder a los desafíos que ya estamos encarando.

Lo he dicho muchas veces: más allá de la obsolescencia que encaramos en todos los dominios de nuestra existencia, hay una que se revela y que no es siempre adecuadamente reconocida. La he llamado una obsolescencia ontológica, una obsolescencia en nuestras formas de ser. El tipo de ser que somos no sabe responder adecuadamente los desafíos que resultan de estas olas de transformación y de obsolescencia. Ello nos obliga a soltar lo que sabíamos y comprometernos en procesos de aprendizaje permanentes y profundos.

“Uno de los rasgos más destacados del coaching ontológico es su rigor teórico y ello lo proporciona el discurso en el cual se sustenta. De allí que la formación de un coach ontológico requiera, como condición indispensable, una muy sólida formación en el discurso de la ontología del lenguaje”

Para lograrlo, sin embargo, es imprescindible disolver los residuos metafísicos que todavía forman parte de nuestro sentido común y que nos llevan a creer que los seres humanos estamos atrapados en una forma dada de ser que no podemos cambiar. Uno de los elementos más importantes del discurso de la ontología es el cuestionar este supuesto y diseñar formas para disolverlo. De no hacerlo, las olas de transformación y de obsolescencia nos destrozarán.

Pero no basta con aprender a sólo responder a ellas. Es necesario reconocer que podemos participar en es- tos procesos de cambio e incidir en la dirección hacia la cual ellos apunten. Ello implica entender que podemos ser partícipes de la transformación del mundo, de manera logremos preservar la naturaleza, asegurar la sobrevivencia de la especie humana y mejorar nuestras modalidades de convivencia. Éste es el desafío del emprender.

Por otro lado, es necesario reconocer que los seres humanos estamos en procesos de transformación permanente y que también podemos participar en ellos. La palanca para enfrentar este desafío es el aprender.

La capacidad de lenguaje de que estamos dotados los seres humanos nos confiere un poder de transformación extraordinario que no exhibe ninguna otra especie. Poseemos un inmenso poder de creación. Nos es posible crear mundos y participar en la creación de nosotros mismos. Al entender esto, podemos conferirle a nuestra existencia un sentido especial, una misión particular, que se conjuga en los desafíos del emprender, del aprender y de algo que debiera ocupar el centro de nuestras vidas: el cultivo del alma. Ello implica tomar el ser que somos, aquel ser que estamos siendo, y comprometernos a conducirlo para que llegue a ser el tipo de ser humano al que aspiramos devenir. Es en esa conversación en la que quisiera ver a los jóvenes, no sólo de América Latina, sino de todo el mundo.

¿Cuál futuro imagina para el coaching de cara a la segunda mitad del siglo XXI, 2050 y más allá?

Lo que será el coaching en el futuro dependerá de lo que los coaches hagamos en el presente. El futuro de esta disciplina, de alguna manera, está en nuestras propias manos y ello nos obliga a cuidar con gran celo lo que hoy hacemos. Consciente de lo anterior, proclamamos que el desarrollo del coaching debe fundarse en tres pilares, en tres importantes compromisos: el rigor teórico, la ética y la capacidad de acción efectiva. Ellos han sido, por lo demás, los elementos claves que definen a nuestra escuela y los que definen la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional (FICOP) en cuya constitución hemos estado comprometidos.

Es importante advertir, sin embargo, que tenemos la convicción de que los astros se alinean a nuestro favor. En un mundo en transformación como el que hoy enfrentamos, el coaching ontológico está llamado a cumplir un papel muy destacado. Los cambios que hoy encaran los seres humanos nos plantean desafíos que no siempre estamos en condiciones de resolver y necesitamos de un profesional que nos ayude a ver lo que no vemos, de manera de poder tomar las acciones que hoy no podemos.

Y eso es precisamente lo que hace un coach. Pocas profesiones logran responder tan directamente a estos nuevos desafíos. De allí que no sea extraño que Kevin Kelly, entre tantos otros, experto en el impacto de las nuevas tecnologías, sostenga en su último libro, The Inevitable (2017), que frente a ola de obsolescencias que afectarán en los próximos años a oficios y profesiones, el coaching se revela cada vez más importante y necesario.

¿Qué opina de las formaciones ON-LINE de Coaching, es necesario el contacto directo (persona a persona) o lo virtual es suficiente?

Desde nuestra perspectiva, los medios que utilicen los procesos de formación en coaching no son necesariamente lo más importante para asegurar un aprendizaje sólido. En nuestros propios procesos de formación combinamos instancias de contacto personal directo con modalidades virtuales de enseñanza. Me inclino muy fuertemente por asegurar algunos momentos de aprendizaje presencial, pues ellos permiten formas eficientes de evaluación en la adquisición de conocimientos y competencias y corregir deficiencias. Con todo, desde nuestra perspectiva, más importante que el medio (que ofrece ventajas para llegar a personas que se encuentran distantes) es la solidez y el rigor de los procesos de formación. Uno de los cinco rasgos que, en nuestra opinión, nos permitieron transformar el coaching ontológico de la práctica informal que era en un inicio, en una disciplina rigurosa, fue el diseño de una didáctica que generara una formación robusta y altamente efectiva.

Ello representa para nosotros motivo de especial orgullo y estamos comprometidos en un proceso de permanente mejoramiento. Esto no es algo trivial y le prestamos gran atención. Ello se traduce en un mejoramiento permanente de nuestros procesos formativos. Nuestros egresados de hoy son muy distintos de los del pasado. De allí que hagamos reiteradas ofertas para actualizar los niveles de formación antiguos y hacer accesibles a nuestros egresados los nuevos desarrollos teóricos o metodológicos.

¿Quién podría registrarse en el TOP 5 de Rafael Echeverría, que un coach no debería dejar de leer?

El libro Ontología del Lenguaje es ya muy antiguo y desde entonces he escrito diversas otras obras dirigidas a la formación de los coaches ontológicos, a partir de importantes desarrollos que he realizado en los últimos 25 años. El discurso de la ontología del lenguaje se encuentra en sus fases iniciales de gestación y en la medida que pase el tiempo, crece y se tiende a una mayor consolidación. Muchas veces yo mismo me sorprendo de la simplicidad y, diría incluso, de la ingenuidad de mis primeros pronunciamientos. Hoy estamos muy lejos del lugar que nos encontrábamos en el pasado. Los alumnos de antaño se sorprenden al constatar dónde estamos ahora.

La Ontología del Lenguaje es una propuesta que se nutre de los desarrollos más importantes de la filosofía, la biología y las ciencias humanas. Por tratarse de una pro- puesta no dogmática ni sectaria, absorbemos sin problemas cualquier contribución que, a nuestro juicio, muestra capacidad de generar resultados poderosos. Ello implica que estamos en un proceso de permanente enriquecimiento. Hace algo más de un año, escribí tanto para la FICOP como para nuestra propia página web, lo que bauticé como “Columnas Ontológicas”, en las que abordaba las principales corrientes de influencia que convergen en nuestra propuesta.

Estas columnas están todavía disponibles y pueden ser consultadas virtualmente por cual- quiera. Esa es, por lo tanto, mi primera recomendación. Habiendo dicho eso, hay un autor que se sitúa por encima de todos lo demás: Nietzsche. Sugiero que leer su obra y encontrarán allí las bases programáticas de buena parte de lo que hago. No en vano uno de mis libros está precisamente dedicado a hacer comprensible el gran aporte de su filosofía.

 ¿Cuál sería su mensaje a la comunidad de coaches en Venezuela ante el desafío que implica ejercer la profesión en la situación país actual?

Llevo a Venezuela en el corazón y su situación actual me es motivo de gran preocupación y sufrimiento. Pienso, sin embargo, que lo que en ella pasa, representa un gran desafío para los coaches ontológicos. Nosotros entendemos que todo sistema social humano es siempre un sistema conversacional. Desde esta perspectiva, lo que ha pasado en Venezuela es el colapso de las conversaciones que aseguran la integridad del sistema social. Ahora bien, un sistema social asegura su integridad a través de la confianza que en sus relaciones exhiben sus miembros entre sí. Cuando la confianza se ve comprometida, el sistema social asegura su integridad a través de la fuerza. En mi opinión, éste es el fenómeno que está detrás de lo que sucede en Venezuela.

Ello levanta distintas preguntas. En primer lugar, ¿qué fue aquello que condujo al quiebre de la confianza mutua al interior del sistema? Prefiero no aventurar respuestas, sino dejar tan solo planteadas las preguntas. En segundo lugar, ¿qué habría que hacer para reestablecer la confianza perdida? ¿Cuáles son él o los procesos que podrían generar este resultado? ¿Cuáles son las acciones que sería preciso realizar? ¿Cuáles son los cambios que debieran producirse en los observadores involucrados para que esas acciones sean eficaces? Y, por último, ¿cómo diseñar estructuras en el sistema social venezolano para evitar que esto vuelva a producirse en el futuro? ¿Cómo sanar las heridas que esta situación ha producido (o producirá) en el conjunto de la sociedad venezolana? Mientras las conversaciones que constituyen a la sociedad venezolana estén compro- metidas, como sucede hoy en día, será muy difícil salir de la crisis actual. Pienso que una vez que encaremos el problema de esta forma, los coaches pueden jugar un papel único en la resolución de la crisis.

 

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